Raices del mundo

África

La danza africana se caracteriza por su fuerte relación ritual primitiva. Los ritos son principalmente agrarios, funerarios y de iniciación. El cuerpo humano y las actividades de sustento son valores expresivos tan importantes como el tema dancístico.

La gran variedad y riqueza musical africana, el sonido de sus tambores, de la kora, del balafon, nos transportan a un mundo primitivo, mágico, de gran riqueza cultural. Debido a su estrecha conexión con la naturaleza, nos conecta con nuestro yo más primitivo. Es el origen de los bailes americanos, como el funky o la capoeira, debido a la exportación de esclavos a este continente.

Son universalmente reconocidas las propiedades terapéuticas de los ritmos de Africana. Desde el punto de vista físico, el motor se sitúa en las caderas y la pelvis, además de en las piernas y los brazos, con lo que se consigue fortalecer todos los músculos del cuerpo. También permiten trabajar la coordinación y disociación del cuerpo, además de la creatividad individual gracias a la improvisación de movimientos.

Desde el punto de vista psíquico, los ritmos son capaces de levantar el ánimo y permiten contactar con las sensaciones y emociones internas para liberarlas.

Estas danzas tiene mucho de "representación actoral" pues no basta con conocer la técnica y las coreografías, sino que el bailarín tiene que llegar a "ponerle alma a su personaje" En las danzas africanas, el bailarín se hace dueño del espacio, se hace protagonista y centro de la reunión, intentando recibir el reconocimiento y el festejo de todos los participantes. Danza con todo el cuerpo y a la vez, cada parte del mismo puede llegar a responder a un tambor diferente. Son comunes los "duelos" entre el bailarín y los tamboreros, en los cuales se entabla un "diálogo" entre ambos, hablándose, respondiéndose y desafiándose mutuamente.

Siempre se baila descalzo, pues el contacto con la tierra es fundamental. La tierra representa los ancestros, y es honrada por ser el sustento y madre de todo lo que existe. Muchas veces, el bailarín danza manteniendo su plexo solar inclinado hacia el suelo, en una reverencia a la tierra, mostrándole respeto y gratitud.



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