Raices del mundo

América

América no es sólo Estados Unidos y en lo referente a la artesanía la riqueza de este continente no tiene comparación. La biodiversidad forestal y zoológica hace que cada pueblo haya utilizado sus recursos para saciar sus necesidades estéticas y, por supuesto, para saciar sus creencias espirituales y de carácter práctico.

La producción artesanal de Alaska tiene su máximo exponente en los útiles y objetos de decoración que realizan los indígenas de este país. Llaman la atención los tallados realizados en marfil de colmillo de morsa que son muy apreciados y tienen un gran valor por la dificultad de trabajar sobre algo tan escaso y porque su manipulación debe realizarse de acuerdo a lo que estipula la ley. El hueso de ballena o de otros animales marinos tiene infinidad de utilidades, desde la creación de figuras y máscaras hasta para tejer canastas, ya que aunque pudiera parecer lo contrario este es un material flexible pero resistente.

La cerámica tiene cabida en todo el mundo, pero en México es especialmente importante ya que supone una de las mayores fuentes de ingresos para las zonas rurales. Lo más utilizado es la arcilla, que según el lugar se trabaja a torno o se vitrifica. Las formas tienen influencias precolombinas, indias y españolas, en cualquier caso de gran sencillez pero destacables por los dibujos y los colores, ocres, naranjas, negro sobre rojo o marrones que dan a las vasijas, vajillas, vasos y jarrones un toque característico indígena.

Son interesantes los utensilios de piedra volcánica de Costa Rica, donde la gran cantidad de volcanes hace que se utilice la roca estratificada para realizar utensilios, sobre todo de cocina. Un elemento que se ha convertido en símbolo este país es la carreta, que en otras épocas tenía un fin práctico como medio de transporte de personas y mercancías. Hoy es un elemento decorativo y el espíritu alegre del pueblo costarricense se plasma en estas carretas que están ricamente decoradas con dibujos de colores que llaman la atención de todo aquel que las ve.

Un país de tan reducidas dimensiones como Ecuador puede llegar a sorprender por la diversidad cultural que posee y que viene marcada por la diferencia orográfica y climática, pues tiene parte costera, amazónica y montañosa. La rama textil es una de las más destacadas del pueblo ecuatoriano, como ejemplo el pueblo de Otavalo. Hay que hacer referencia las hamacas y a las ¨Shigras¨, mochilas de base redonda tejidas de diferentes tamaños y en vivos colores. Como curiosidad hay que decir que es en Ecuador y en Nicaragua donde se fabrican los famosos sombreros de Panamá, que adquieren su nombre del país que los distribuye no del que los realiza, y que se utiliza la fibra de la palmera toquilla.

Los objetos de adorno alcanzan importancia sólo en las sociedades que ven cubiertas sus necesidades básicas. En el caso de Colombia, la orfebrería es una de sus actividades artesanales más importantes, tanto para la decoración como para la elaboración de joyas. Las esmeraldas abundan en este país y con ellas se crean collares, pulseras o anillos de gran belleza y variedad. La plata y el cobre se usan principalmente para elementos más cotidianos como copas o ceniceros que se decoran con dibujos geométricos. El carey, concha de tortuga, es cada vez más escaso y está más protegido pero en otros días se elaboraban adornos y objetos de coleccionista de gran belleza.

Las aves pueden ser fuente de inspiración y proporcionar la materia para la fabricación de adornos. Así ocurre en Brasil donde la gran cantidad de pájaros, como los papagayos, dio lugar entre los indígenas al desarrollo del arte de la pluma. Antiguamente las plumas de las aves se empleaban para decorar las casas y para los ornamentos de belleza como diademas, sombreros o collares. Por desgracia esta costumbre está desapareciendo y sólo algunas tribus indias siguen realizando confecciones de este material. Las influencias africanas hicieron que en Brasil se introdujeran algunas supersticiones y como consecuencia la necesidad de encontrar amuletos que protegieran a los creyentes en la mala suerte. Uno de los objetos de protección es la talla de un puño cerrado con los dedos índice y pulgar entrelazados para luchar contra el mal de ojo.







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